El software open source ha puesto en el tapete el tema de la libertad de uso y modificación de las cosas que adquirimos, pero esta es una pelea muy antigua. Siempre hemos tenido lapiceras que necesitan repuestos específicos, cámaras de fotos que necesitan lentes especiales, las afeitadoras hace rato no usan hojillas e incluso Sony insiste en que usemos sus tarjetas de memoria.

¿Pero que implica realmente esto en el mundo de los objetos?

Básicamente es el viejo tema de volverse cautivo de una marca. Nada nuevo. ¿No? Quizás ya nos hemos acostumbrado tanto que por eso el planteo del open source hace tanto ruido.
Con las cosas físicas la modificación de algo luego de adquirido no era un problema, uno lo hacía a riesgo propio pero no inflingía ninguna ley. Uno puede comprar cartuchos reciclados a costa de sacrificar la garantía pero nadie irá preso por vender cartuchos reciclados.

En este sentido parecería que el tema no presenta problemas en el mundo físico.

Esta nota surgió viendo una publicidad del sistema de cafeteras Nespresso. George Clooney flirtea con una admiradora y prefiere negar que es él para no perder su cartucho de Nespresso.

¿Que tiene Nespresso que no tenga la Gillette o quizás una impresora de escritorio?

La diferencia está en el sistema de producción sobre el que actúa, o mejor dicho el valor cultural del producto sobre el que actúa. El café no es un producto desarrollado por Nestlé pero si lo es su substituto futuro, que  en realidad es un café.

La cultura del café y sus formas de tomarlo se han construído durante siglos.

Puedo pecar de ignorante porque no soy un gran tomador de café. No creo que lo que da un Nespresso no pueda lograrse con una buena máquina de express. Me dirán que esto permite popularizarlo y hacerlo mas fácil de hacer. Claro, me diran todos los productos del universo intentan hacer eso, sin esto los productos no logran hacerse de un lugar en el mercado.

La cultura del café y sus formas de tomarlo se han construído durante siglos.

Pero me importa destacar que lo que logra Nestlé con este producto es, más allá de hacer más simple la elaboración del café, o proporcionar muchos sabores, es hacerse de el café. Es volverse el café.

El café es un producto que mueve millones en el mundo y siempre ha sido un problema la negociación entre proveedores y vendedores de café. Hay campañas por comercio justo, cafés orgánicos y la marca por excelencia de Colombia (Juan Valdez)  surge para modificar estas reglas de negociación y competencia.

Si Nestlé logra imponer su Nespresso logra una mayor concentración de la venta del producto transformándolo de un commodity en un producto con mucho valor agregado y sobre todo con mucho poder comercial.

En este sentido me parece muy util pensar en la libertad que otorga preparar un cafecito con el café que uno prefiere, incluso el horrible café uruguayo, y de la forma que prefiere, con filtro de papel, de tela, en una cafetera Bialetti o un expresso real.

Subidos a la popularización de los Starbucks y los Mac cafés, Nespresso dice: los cafés se han sofisticado tanto que se han vuelto una bebida que hay que comprar porque se ha vuelto muy compleja y se necesita un expertise particular para hacerlo.

Estas son las trampas de la sofisticación de los mercados masivos. Los productos sofisticados se hacen mas accesibles y eso nos da la idea de mejora de nuestra calidad de vida, pero al tiempo transferimos la cultura del ámbito social a una compañia. Lo que antes hacía nuestra abuela porque se lo había enseñado su madre ya no sabemos hacerlo, o dejamos de saber hacerlo como sociedad y este know how es captado por a la empresa que así consigue un valor que genera utilidades.

Nespresso es un producto que no está destinado una difusión masiva, su publicidad apunta a una cierta exclusividad gourmet y difícilmente sustituya al café, solo viene a cuento para ver como los productos pueden afectar nuestra capacidad de elegir y van influyendo el la circulación del conocimiento.

Publicado Originalmente en la versión anterior del Blog el: 19/08/2011